Una historia, ¿jamás contada?
Una historia, ¿jamás contada?
Hace no muchos años, en una
pequeña ciudad de provincias, nació en la familia Tecreo una preciosa niña. La
llamaron Yosi. Los Tecreo era una familia de “rancio abolengo”, aunque no sé
muy bien qué significa eso. Si creo que tiene algo que ver con que su madre y
su padre tuviesen programado su futuro desde el nacimiento. Su princesa
estudiaría una “buena carrera”, sería médico por lo menos, encontraría un marido
encantador y llenaría la casa de los Tecreo de las sonrisas de, al menos, una
par de nietas.
Los juguetes que recibía Yosi
tenían un toque…no sé. Uno se llamaba Operación o algo así, era como un
quirófano en miniatura. Un día jugando al balón en casa (aunque se lo tenían
terminantemente prohibido) golpeó un coche teledirigido al que su mamá tenía un
cariño especial y ¡paf! se escacharró.
A su mamá casi le dio un
soponcio, y castigaron severamente a Yosi, además de repetirle innumerables veces:”
¡ya te hemos dicho que jugar con balones no es propio de chicas, y menos en
casa! ¡Ve a tu cuarto y piensa en lo que has hecho!" Yosi pensó bastante en lo
que había hecho, estaba arrepentida después de ver el disgusto que se había
llevado su mamá. Quería solucionarlo de alguna manera, así que cogió un destornillador
y comenzó a desmontar el coche. Lo volvió a montar con mucho cuidado y, ¡el
coche volvió a funcionar! Yosi casi no lo creía, había conseguido arreglar el
coche de su madre.
Desde ese día, Yosi montaba y
desmontaba todo lo que caía en sus manos. Incluso reparó un ordenador viejo,
una antigualla por la que nadie hubiese dado un euro. En su casa no daban mucha
importancia a esa manía de su hija.
Pasa el tiempo, rápido, Yosi está
ya en el instituto. Siempre ha elegido como asignatura optativa Tecnología.
Esta ya en el curso previo a Bachillerato y Yosi suelta la bomba en casa:
“quiero hacer un ciclo formativo de mecánica”. Digo bomba por que se armó la
marimorena. “¡Ni hablar! no sabes lo que dices, una hija mía nunca será mecánica,
por Dios, que disgusto, que vergüenza… Cosas así escuchó Yosi noche y día, pero
es una chica tenaz, segura de sí misma y sabe lo que quiere.
En casa no queda más remedio que
ceder y Yosi resulta ser una estudiante de mecánica más que sobresaliente. Un
día vienen al instituto dos soldados. Vienen a ofrecer la opción de continuar
los estudios en la Marina. Yosi está fascinada con Mara, la soldado que da una
de las charlas. Lo decide en ese momento, hará ingeniería y lo hará en la
Marina.
Su familia ya tiene claro que es
inútil intentar convencer a Yosi de que haga algo distinto a lo que quiere.
Con el paso del tiempo Yosi se
convierte en una fantástica ingeniera naval, una de las mejores profesionales
del país. Y recibe una oferta de trabajo de una importantísima empresa de robótica
internacional. La monotonía de la vida en el ejército le impulsa a aceptar. La
calidad de su trabajo no pasa desapercibida y Yosi da el salto a la Agencia
Espacial Europea. Es la creadora de varias de las piezas vitales que componen
el último satélite europeo enviado al espacio.
Ah, se me olvidaba, en el camino,
Yosi conoció a un chico, ruso. Se llama Yotambién. Es primer bailarín de uno de
los mejores ballets del mundo.
Su familia, después de mucho
tiempo, está henchida de orgullo de lo que está sucediendo en la vida de Yosi
Tecreo. Aunque no tengan nietas correteando por casa. Aunque tengan que
desplazarse a otro país para ver a su hija.
Yosi ha hecho realidad sus
sueños, y recuerda muchas veces a Mara, la soldado que abrió un mundo de
posibilidades en su vida.
No nos hemos detenido mucho en la
historia de Yosi Tecreo sobre si hubiese tenido o no más obstáculos a lo largo
de su vida, si en vez de chica, hubiese nacido chico.
Esa pregunta te la dejamos a ti.
Valentín J. Iglesias.
Zafra, 10 de marzo de 2019.

Comentarios
Publicar un comentario