Orientar para el futuro

Para esta tarea de orientación profesional en igualdad, en una búsqueda inicial de mujeres que desempeñen profesiones tradicionalmente masculinas, descubrimos que existen unos números importantes. Por ejemplo, mujeres destacadas en la arquitectura como Gae Aulenti, Charlotte Perriant, Lina Bo Bardi o Zaha Adid. Mujeres cosmonautas como Svetlana Savitskaya, Sally Ride o Mae Jeminson. Mujeres alpinistas como Junkop Tabei, Alison Hargreaves o Edurne Pasaban. Literatas como Marguerite Duras,matemáticas como Hipatía de Alejandría, científicas como Rosalind Franklin, pintoras como Frida Kalo, cineastas como Iciar Bollaín.

Y así podríamos seguir con innumerables ejemplos. Evidentemente no estamos ante una falta de capacidades para el desempeño de estas profesiones, todo está originado por una discriminación sexista que a lo largo de la historia a relegado a la mujer a un papel secundario, que hoy sigue perpetuándose en una sociedad patriarcal. Aunque no podemos negar que hay algunos avances, todavía tenemos que trabajar por revertir esa situación.

Y uno de los mayores problemas es la invisibilidad.

La mayoría de estas mujeres no aparecen en los libros de texto. Así perdemos grandes referentes profesionales.

Quiero dedicar un poco más de atención a Karen Keskulla Uhlenbeck, una matemática estadounidense que el pasado 19 de marzo de 2019 recibió el premio Abel, otorgado por la Academia Noruega  de Ciencias y Letras, considerado el premio Nobel de las matemáticas. En palabras de Alberto Enciso, investigador del Instituto de Ciencias Matemáticas: "tengo la impresión de que Uhlenbeck tuvo que sortear tremendas dificultades por su género en los comienzos de su carrera". Indudablemente. 

A través de la historia las mujeres se han ocupado de las tareas domésticas y del cuidado de la familia mientras los hombres se dedicaban a trabajos productivos fuera.Aunque hoy día las mujeres están cada vez más incorporadas al mercado laboral siguen encontrando barreras como la doble jornada, manteniendo roles tradicionales y responsabilidades laborales, el techo de cristal que dificulta el ascenso profesional a puestos directivos por las dificultades de conciliación o su condición de madres. Estoy convencido de que Uhlenbeck ha pasado por estas dificultades, cuando no habrá tenido que soportar multitud de micromachismos como la valoración por su imagen o forma de vestir y no su capacidad intelectual. 
Tampoco resulta raro ver como se cuestiona la orientación sexual de hombres que optan por profesiones como Auxiliar de Clínica, por ejemplo, ya que el desempeño de este trabajo (con funciones de aseo de personas mayores no válidos por sí mismos) se considera femenino. Micromachismos, palabra fatalmente normalizada, pero no recogida (aún) por la RAE.

Contra estas circunstancias, con el ánimo de revertir la situación, la opción más adecuada desde el ámbito de la enseñanza es la coeducación.

Desde la coeducación la posición es que no hay trabajos para hombres o para mujeres, sino que el trabajo que se realiza debe estar determinado por las capacidades, habilidades, actitudes, gustos, intereses y motivaciones de las personas. Desde las familias y los centros educativos se deben presentar al alumnado todas las opciones posibles, de modo que puedan analizar la información, conocer sus posibilidades y tomar decisiones paara su plan de vida y su futuro.
Podríamos escribir un libro sobre pautas necesarias en el cambio necesario para terminar con una orientación profesional no sexista, sólo dejo algunas pinceladas de buenas prácticas para familias y docentes:
- Fomentar el autoconocimiento y la autoestima
- Conocer que sueñan las y los adolescentes para su futuro
- Ajustar expectativas
- Referentes profesionales alternativos
- Presentar todas las opciones
- Vencer las presiones
- Equidad en las intervenciones
- Desmontar los prejuicios
- Reflexionar antes de tomar decisiones
- Uso no sexista del lenguaje

Podríamos profundizar en cada uno de estos aspectos y añadir más, pero son un buen comienzo.

Las cifras hablan por si mismas y sólo un 28% de los investigadores científicos en el mundo son mujeres según la UNESCO, sólo tres de cada diez son investigadoras científicas.
Es hora de CAMBIAR CIFRAS. 




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